MÁS NUEVO NO SIGNIFICA MÁS MEJOR.

MÁS NUEVO NO SIGNIFICA MÁS MEJOR.

Por Kevin Dirienso Poter - @kevindpoter

Quienes me siguen, saben que hace poco deje todo en mi Buenos Aires natal para mudarme definitivamente a Barra del Chuy, un balneario de poco más de 1000 habitantes que pertenece al Departamento de Rocha, lo más al este posible de Uruguay. Y fue un viaje largo, con una mudanza a cuestas, donde tuve que soltar lo que más me costó dejar allá, dentro de una caja en un deposito: mis libros. Los extraño tanto. Dirán, “pero que no podes comprar libros nuevos en Uruguay” y la realidad es que si, pero no es tan sencillo como lo era en mi país.

En fin, hace poco volví a ellos, ya que mi vieja nos visitó por estos lares y con ella vino un ejemplar de “Crocknicas de un Tacvbo” el, por ahora, fantástico libro de Joselo Rangel (digo así porque aún no lo termine), guitarrista y compositor de Café Tacvba, entre otros proyectos.

Resulta que de su lectura, llegue a un “capítulo” (el libro es una compilación de crónicas periodísticas publicadas por el autor a lo largo de su columna en un periódico mexicano) llamado “De downloads y upgrades” y en el Joselo logra compaginar de una manera perfecta mis pensamientos. He escrito bastante al respecto en Revista Flow y también aquí en Vainilla Fresh sobre lo tan poco capacitado que estoy ante el avance tecnológico. Lo que me cuesta aggionarme a esas exigencias de avance constante. Y es justamente este gran artista, el que logra llevarme de una manera amena al centro mismo de la problemática.

En el capitulo desanda este camino de una manera muy personal contando lo que le cuesta upgradear programas que a su entender funcionan perfecto y cuan reacio es a hacerlo si esto se vuelve obligatorio y gratis hasta cierta fecha.  Asimismo en su relato nos describe una situación que une a la música con esta necesidad de estar al corriente en materia virtual o tecnológica, cuando quiere comprar en una tienda virtual el nuevo disco de una banda llamada Vampire Weekend, que dada la bendita nueva normalidad fue editado solo de forma virtual. Es increíble quedar arafue de algo tan necesario y normal como escuchar música si tu versión de Apple o Android no funciona con el programa x o z.

Todo funcionaba perfecto. Entrabas a la disquería e ibas derechito a la batea donde estaba ese ejemplar esperando por vos. Esto en el caso de que supieras de antemano que buscabas. Ahora también, si andabas con tiempo podías diggiar de lo lindo hasta caer bajo la tentación de alguna rareza o alguna joya desconocida. Eso ya era otra historia. Era nuestro Disney y ahora nos queda caer en manos de una libertad que no lo es tal y de una dependencia que ni siquiera sabemos si queremos elegir.

Antes conocíamos algún disco por el corte de difusión. Por ese distintivo lo comprábamos, al menos si no éramos fans fans. Era algo a descubrir, a investigar. Ya todo es premeditado, sin sorpresas o al menos muy pocas. No hay intriga, no hay búsqueda, es todo al ritmo del clin caja.

Durante su crónica, Joselo dice que no cree ser el único que sienta nostalgia por esos tiempos. Y yo acá con varios años menos y a kilómetros de distancia se lo confirmo, uniéndome en sentimiento, al menos de manera telepática. Acaso no es posible como el plantea que todos tengamos acceso a las versiones que más se acomoden a nuestra utilidad o gusto. ¿Cuál sería el problema si esto fuese posible? Ninguno.

Según Rangel, “el problema es que te venden el nuevo formato y no el contenido” y estoy tan de acuerdo con eso como con quien dice que el Pan Dulce es tal vez, el alimento más inútil de nuestra existencia. Para cerrar voy a dejar que el autor del artículo que motivo este lo haga por mí: “no sé para ustedes pero para mí no siempre más nuevo significa mejor”