Niñas, no madres

Niñas, no madres

Mientras los feminismos de la Argentina están expectantes porque en el Congreso se preparan para debatir la Ley del Aborto Legal, aunque en el Código penal está aprobado la interrupción del embarazo en casos de violaciones, pero nuevamente ocurrió en Jujuy cuando le negaron la práctica del aborto a una nena de 12 años que había sido abusada sexualmente y producto de esa violación quedó embarazada de gemelos.
Como en Jujuy San Juan también se vio varias veces en este conflicto con profesionales que no están a la altura de ejercer su profesión sin juicios de moral o ideologías religiosas negando derechos como los es una ILE en niñas.
La Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir de Jujuy expreso, “debió cursar un embarazo gemelar producto de una violación y a la cual se le realizó una microcesárea con previa maduración fetal”. “Prepararon a la niña a una maternidad forzada, no solo por la cesárea sino porque fue la cesárea previa a la maduración fetal”, reiteraron al remarcar que “hay equipos de efectores que podrían haber garantizado la ILE”.
Si bien la lucha por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito no para de crecer, aun así con leyes que ya hemos conquistado hace muchos años como la ILE en casos de violación por ejemplo, aun debemos seguir velando y luchando contra estas situaciones retrogradas, que agravan una situación de violación y abuso sexual y terminan en decisiones trágicas para muchas niñas a las que obligan a parir, robandoles la niñez y la sonrisa, torturándolas con una maternidad obligada a los 10 años.
En nuestro país una niña de entre 10 a 14 años es obligada a parir cada 3 horas. Según los últimos datos suministrados por el Ministerio de Salud de la Nación, de los 700.000 nacimientos anuales que ocurren en el país, 3.000 son de niñas y adolescentes menores de 15 años. Esta realidad tiene el trasfondo más doloroso: el abuso sexual infantil, en general dado en contextos intrafamiliares. La violencia sexual a la que son sometidas estas niñas es ejercida, en un 90% de los casos, por integrantes de la familia o del entorno cercano bajo distintas formas de coerción: amenazas, abuso de poder y otras formas de presión.
El embarazo forzado a tan temprana edad tiene profundas consecuencias en la salud pensada de manera integral, afecta el bienestar tanto físico como psicosocial. Las heridas son profundas, vidas troncadas, sueños rotos.
También comenzó a hablarse en este último tiempo del “chineo”, violaciones que sufren las niñas indígenas -particularmente en el norte del país- por parte de hombres blancos, patrones, estancieros o hijos del poder. El tema explotó cuando se conoció el caso de Juana, una niña wichí de 12 años que sufrió una violación grupal y quedó embaraza producto de el ataque, en su caso se procedió a la realización del aborto por ser el feto anencefálico.
Octorina Zamora, integrante de una comunidad wichí, quien durante un conservatorio del INADI discutió el uso del término “chineo”: “las cosas hay que decirlas por su nombre, son violaciones en banda o en grupo”, remarcó que “chineo” es una expresión racista y denunció que hay hombres de las mismas comunidades originarias que actúan como entregadores.
Nos duelen la entrañas cada vez que vemos en las noticias que otra niña es obligada a parir, los feminismos soñamos con que todas las niñas puedan vivir su infancia y completar sus estudios, sin tener que renunciar a sus sueños por un embarazo forzado, en un mundo justo ninguna niña y ningún niño debería ver vulnerado sus derechos. En un mundo justo, las niñas son niñas, no madres.
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SON NIÑAS, NO MADRES